Presenta en Mazatlán el Dr. Roy Navarrete Cuevas su libro “Riesgología. Una visión integral para comprender el riesgo de desastres”

El riesgólogo Roy Navarrete Cuevas presentó en Mazatlán su libro “Riesgología. Una visión integral para comprender el riesgo de desastres”, una obra que plantea que los riesgos no solo provienen de la naturaleza, sino también del contexto social en cada comunidad.

Con un enfoque basado en la prevención desde la conciencia social y el conocimiento científico, el autor reúne años de investigación en torno a la gestión integral de riesgos, la percepción social y la comunicación del riesgo, traduciendo estos conceptos en un lenguaje accesible para toda la población.

“El propósito de este libro es comprender el riesgo de desastre, entender qué es el riesgo, pero también cómo salvar vidas, cómo reducirlo y cómo construir resiliencia”, explicó. Añadió que la resiliencia debe entenderse como la capacidad de resistir, adaptarse y sobreponerse ante cualquier fenómeno, ya sea natural o antropogénico.

Navarrete Cuevas sostuvo que el riesgo es una condición permanente: “El riesgo siempre está, es latente. No se puede prevenir lo que no se investiga. Si no lo entendemos, difícilmente lo vamos a reducir”.

Uno de los principales aportes de la obra es dar identidad a una disciplina que, aunque ha sido abordada desde distintas áreas, carecía de un concepto unificador. “Hoy esa ciencia tiene un nombre: Riesgología”, afirmó, destacando que se trata de un campo que involucra a científicos, comunicadores y sociedad en general, pero con un eje claro: las personas, especialmente las familias, niñas y niños.

El riesgólogo subrayó uno de los planteamientos más contundentes de su trabajo: los desastres no son naturales, sino socialmente construidos. Explicó que el problema no radica únicamente en fenómenos como huracanes, sismos o incendios, sino en las condiciones de vulnerabilidad de la población y su entorno.

“El riesgo no está en el fenómeno, está en las personas, en su vulnerabilidad. Por eso debemos entenderlo desde el hogar y desde cada decisión que tomamos”, puntualizó.

Asimismo, destacó la importancia de herramientas como los atlas de riesgo, que permiten identificar, analizar y evaluar el entorno para orientar decisiones clave, como dónde y cómo construir, así como implementar medidas que reduzcan la exposición ante posibles peligros.

“Reducir el riesgo no significa que no ocurran fenómenos, significa estar preparados y saber cómo actuar”, explicó.

Otro de los ejes centrales del libro es el enfoque humanista en el desarrollo, donde la seguridad de las personas debe ser prioritaria, incorporando elementos como rutas de evacuación, accesibilidad universal, salidas de emergencia y sistemas de protección, más allá del cumplimiento normativo.

También abordó la percepción social del riesgo, señalando que el miedo y la desinformación pueden generar impactos psicológicos importantes, por lo que la comunicación clara y basada en evidencia es clave.

Finalmente, enfatizó que la Riesgología busca abrir el debate y fortalecer una cultura preventiva más sólida: “Las decisiones que tomemos hoy en la reducción de riesgos son un acto de responsabilidad hacia las futuras generaciones. Si hacemos bien las cosas ahora, estamos protegiendo la vida y el bienestar de quienes vienen después”.

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